AL NORTE NO ESTÁ EL PARAÍSO

Ficha técnica

Autor: Juan Mauricio Muñoz

Género: Cuento, cuento urbano, migraciones, cuentos violentos, hiperrealismo

Año 2018

pp. 90

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Precio de venta: S/ 30.00

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ePub disponible en el siguiente enlace:

https://campoletradodigital.publica.la/library/publication/al-norte-no-esta-el-paraiso-epub-1594429697

Descripción

Sobre Al norte no está el paraíso:

«Pocos hechos desagradables originan momentos felices y de satisfacción. Eso le ocurrió a Juan Mauricio Muñoz Montejo, periodista y escritor que tras ser deportado desde los Estados Unidos pudo publicar un libro de cuentos interesante que refleja en parte lo que vivió en Carolina del Norte, un territorio bastante complejo para cualquiera.

Esa corta experiencia como inmigrante, lo traumático que le significó ser expulsado a su país de origen, dio pie a una necesidad natural: la catarsis, es decir, ese ejercicio de expulsar todo lo que uno lleva dentro.

Así fueron naciendo imágenes que, pulidas con las enseñanzas de un taller de narrativa, produjeron relatos, los cuales fueron revisados más de una vez y hoy se inmortalizan en papel bajo el título «Al norte no está el paraíso»».

Libros a mí

Trece segundos

(fragmento)

Un segundo. Era el día esperado por Outer: convertirse en marero, en parte de la MS-13, la

Mara Salvatrucha, con el respeto que creía merecer, aunque antes debía pasar por el ritual del bautizo: trece segundos de golpes y patadas, ese, si resistes serás parte de nosotros; si no,

huirás toda tu vida y quedarás como un cobarde en el este de Los Ángeles, es tu decisión.

Outer decidió continuar: no tengo nada que perder. En un terreno baldío, comenzó la iniciación. Un pandillero le tiró un certero golpe en la boca del estómago. Se quedó sin aire; sus rodillas lo vencieron. Recibió una patada en la cara que lo tumbó al piso. Para Outer el tiempo pasaba en cámara lenta. Segundos eternos.

Son solo trece segundos —se animó Outer.

Esto no es para ti, carnalito —dijo Roque, líder de la MS-13 y primo de Outer—. Jamás quise que te unieras a la pandilla.

A Outer no le importó la opinión de Roque. Insistió. Quería pertenecer a la MS-13. Cada uno es libre de elegir, ¿no, Roque? Quería respeto de las otras pandillas. Quería los tatuajes distintivos en su cuerpo. Quería matar a policías y pelearse con pandillas rivales. Quería ser un hijo de puta igual o mejor que su primo, desconociendo que eso significaba pasar unos años en prisión o incluso la misma muerte.

Roque, con cierta molestia, aceptó la proposición de Outer. Lo hacía con el afán de conocer cuánta valentía tenía su primo, hasta dónde podía llegar, si resistiría los golpes que a

la mayoría les deja secuelas para toda la vida.

Vas a poder ser parte de la Mara, pero todo tiene su precio, nadie entra gratis a la MS-13 —fijó Roque.

Outer sabía lo que le esperaba. Tenía dos opciones: matar a un pandillero rival de alto rango, sea de la pandilla de los negros o de los neonazis, o recibir golpes y patadas durante trece segundos. La segunda opción, homes. ¿Por qué trece segundos? Por nuestro símbolo, carnal, la MS-13. La decisión de Outer no sorprendió a Roque. Sabía qué le respondería, pero debía hacerlo, porque Estados Unidos es un país democrático, por eso respetan más a los blancos y matan a los hispanos y a los negros como si nada, ¿no, Outer? Jamás en sus dieciocho años Outer había tenido un revólver entre sus manos, a diferencia de Roque, que comenzó a matar desde los catorce años, algo común para un marero.

No sabes dónde estás metiendo tus narices, Outer, esto no es para ti, pero it’s your decisión, homes. Ahora debo convencer a mi gente.

Como cabecilla de la MS-13, Roque consultó a los otros mareros si estaban de acuerdo con la decisión de Outer. Varios pusieron excusas: nosotros nos iniciamos matando a un rival, por qué lo de Outer debe ser diferente; no sabe manejar un arma, mucho menos un cuchillo o un machete que es lo mínimo que debes saber para ser marero; siempre estuvo bajo tu cuidado, Roque, pero nunca será digno de la Mara; va a ser el primero en ser iniciado con golpes y patadas, ¿por qué demonios no nos guardamos para las otras pandillas?, va a morir muy pronto. Mira, Roque, aceptamos la madreada, no porque es tu primo, sino porque sabemos que es una ley de la MS-13. Eso sí, le vamos a sacar la mierda, sabemos que eres nuestro líder, pero no queremos que te metas. Roque asintió a regañadientes.

En la escuela, Roque se trenzaba a golpes por Outer, en ese entonces, un adolescente sumiso y estudioso con un hipotético destino fuera de las barreras del este de Los Ángeles.

Y tal como las personas transforman su forma de ser con el pasar de los años, lo mismo sucedió con Outer. Ahora quería ser un marero igual que su admirado primo Roque, el criminal con más asesinatos en la Mara de California. Roque huyó de Los Ángeles cuando aún no había terminado de estudiar la secundaria. La Policía lo buscó por intentar asesinar al alcalde en una reunión de directivos de California. Aterrizó en Raleigh, la capital de Carolina del Norte, donde era un desconocido. En ese estado no existía la MS-13, él la fundó y realzó el poder hispano. Aprendió las lecciones de los líderes de la Mara para instruir a los nuevos mareros: jamás confíes en un blanco o en un negro, si le das la espalda te acuchilla; vender drogas es nuestra forma de mantenernos, buscas las zonas donde no estén otras pandillas y quédate allí; si alguien entra en tu territorio, mátalo; no es malo hacer trato con algún blanco o negro, pero jamás dejes que ingrese a tu zona, mucho menos confíes en ellos, estarías camino a la muerte.

Pasaron tres años para que la MS-13 de Carolina del Norte se convirtiera en una pandilla fuerte y respetada. Pero Roque no estaba conforme, quería más. Consultó a los líderes de la Mara —una suerte de narcocabecillas hispanos en Estados Unidos— si era posible iniciar una guerra racial contra los blancos y negros para conquistar sus territorios. Los jefes aceptaron con una condición: el estado sureño debía ser una plaza sólida para la venta de drogas. Roque aceptó el reto y en menos de un año logró el cometido.

La Mara Salvatrucha se volvió dueña de los negocios turbios de Carolina del Norte con las matanzas más crueles contra los pandilleros rivales: aparecían degollados, triturados,

quemados o descuartizados, con carteles incrustados en los cuerpos con el símbolo MS-13. Además, Roque había convencido a los adolescentes hispanos para que sean parte de la nueva generación —de delincuentes— que estaba entrenando y les prometió ser intocables; ni la Policía ni la Migra podrían encarcelarlos o deportarlos. Era sinónimo de poder. Los jóvenes, tan endebles y con baja autoestima, creyeron en Roque y osaron asesinar a cualquiera que se cruzara en su camino, no importaba si eran policías, niños o mujeres embarazadas. El fin justifica los medios, decía Roque. Raleigh no fue la única ciudad que terminó destrozada por sus fechorías. Charlotte, plagado de cadáveres, fue declarada zona de emergencia. La tranquila Greensboro era más parecida a una zona de guerra en Medio Oriente.